Ayer me crucé media España (aprox.) en diversos transportes públicos colectivos asistiendo a la comunión patriótico-futbolera que ha conseguido la histórica (y brillante) racha de victorias de las selección española en la recién terminada eurocopa de fútbol.

Vaya por delante que no soy futbolero: no le hago ascos a un F.C. Barcelona-Real Madrid cada década, sobretodo si es con junto a algún amigo forofo; y como todo el mundo vi el España Malta del 12-0. Pero poco más. Se quién va ganando la liga o que Burgos tiene el equipo de fútbol en categoría mas baja de todas las capitales de provincia (olé!), lo justo para no perder el hilo en las charlas de café.

Tampoco soy nacionalista. Me siento español, paseo ocasionalmente algún merchandaising con los colores nacionales y esas cosas, pero dudo mucho que lo hiciese si la bandera republicana fuera la oficial.

Nuestros clásicos (¿Rosa Luxemburgo por ejemplo? o ¿Los marxistas del imperio Austro-Húngaro?) hablaban de patriotismo obrero o proletario (ahora no lo se) y lo contraponían al patriotismo burgués. La diferencia es que en el primero, dentro del “pueblo”, sólo se incluían las clases productivas y no los parásitos que vivían (y viven) del trabajo de estas. En la definición de patria burguesa “cabemos todos”: lobos y corderos. Por desagracia la segunda es la que se ha impuesto.

Yo, respetando esta fuente doctrinal, soy más de la escuela de Evaristo Páramos (la Polla Records) que decía simple y llanamente que “un patriota es un idiota”. Seguro que el lo sabe bien, viviendo desde el franquismo en el país vasco habrá conocido y sufrido tanto a tirios como a troyanos.

En lo deportivo, ayer no tenía demasiada miga. Yo quería que ganase el equipo español, y además tenía (no se porque) la íntima convicción de que lo haría. El plano nacional-identitario era mucho más apasionante.

Viéndolo con ánimo sociológico, me parece que en este fervor se aúnan dos tensiones:

Por una lado esta la clásica, lógica y comprensible necesidad de escapar de las dificultades diarias. Esparcimiento y escapismo frente a la creciente carestía: con las subidas de las hipotecas, de los bienes de consumo y la caída del nivel de vida en general. Esto lleva ocurriendo varios años, pero hasta que no lo ha dicho la televisión o algunos lo han escenificado en la calle parecía que nadie se había dado cuenta. Este mes ha sido glorioso, el gobierno ha dado pan y circo. Con la mitad de los prometidos 400 euros recién cobrados y el fútbol tenemos a la plebe aplacada por una buena temporada.

El otro vector que vi claro, y que es mucho más interesante de analizar, es un nacionalismo español, que esta un poco soterrado, y que aprovecha estos momentos para liberar tensión y aflorar. Ya soy perro viejo, y he vivido bastantes celebraciones deportivas. Lo que era diferente en esta era la baja edad media de la gente, la cantidad de mujeres y la ausencia de banderas franquistas, que eran muy frecuentes no hace mucho. De hecho, las tornas han cambiado, y aunque se veían muy pocas, conté cuatro o cinco banderas republicanas, y sólo una con el pollo. Definitivamente, la “pasión de gavilanes” es cosa del pasado. Este nacionalismo español es nuevo, es joven, no tiene memoria ni para bien ni para mal. Observando a la chiquillada cantando “yo soy español, español, español” me preguntaba cuantos sabrían porque la bandera que llevaban tiene dos colores y no tres como casi todas las de europa o porqué su himno no tiene letra. Probablemente ninguno.

Creo que urge reflexionar y actuar sobre este sentimiento, porque no es necesariamente retrógrado o conservador. Creo que la izquierda seguimos algo presos de un Síndrome de Estocolmo franquista que nos impide asumir ciertas realidades. Decimos “nacionalistas de izquierdas” hablando de Galicia o Cataluña, pero nos chirría si es con España.

La anécdota de la noche la viví en Sanse, cerca de las dos de la mañana, en una fuente cercana a mi casa. Había poca gente ya, y un grupo de chavales estaba toreando coches con una bandera republicana (que pena de cámara). El caso es que en un momento dado torean un coche descapotable con otros cinco chicos con banderas oficiales monárquicas. De pronto los del coche se ponen a dar vivas a la república, se bajan de coche y se abrazan a los de la calle. La imagen, para mi chocante, de un chaval gritando vivas a la república mientras ondea la bandera monárquica, mezclado con vivas a España y abrazando a otro con la bandera tricolor no le desentona a nadie más.

¿Nos desatamos de esquemas del pasado y construimos aquí y ahora?

Y para acabar, dejo unos enlaces interesantes sobre el tema, por orden más o menos cronológico:

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  1. Añado a la lista un link más que me ha parecido interesante: la columna de hoy de Javier Ortiz:

    ¿Todos con España?

  2. Se agradecen aportadciones

  3. acabo de leer la columnan de J. Ortíz, y creo que peca de lo mismo que la mayoría de nosotros: presuponer apriorísticamente que una bandera roja y gualda y un viva españa equivale a franquismo y reacción. Creo que debemos dejar de vivir en los años setenta del siglo pasado, o corremos el riesgo de convertirnos en un parque temático de cantautores con chaqueta de pana.

  4. A mí las banderas (como los himnos, las patrias, las naciones y todos esos inventos de los que mandan para otorganos identidad a los que no mandamos), sinceramente, me la soplan. Pero me ocurre (es una sensación personal, como la que expresa Javier Ortiz) que la “rojigualda”, igual que otros símbolos de los que abusó el régimen franquista, me suenan a casposo, a triste imperialismo, a nacionalismo español excluyente. Los nacionalismos no me molan, ni los periféricos ni los centralistas. Si hay que adoptar una bandera (ya digo que no me gusta ninguna), prefiero la tricolor, la de la legítima II República Española: me arriesgaré a ser parte de ese parque temático que propones, me sugiere más tolerancia, menos nacional-catolicismo, más confederalidad (cooperación, no sumisión) entre pueblos y personas distintas.

    Por cierto, mejor con chaqueta de pana y cantautoreando que con uniforme gris, porra y repartiendo hostias a quien se desmande, rojigualda en ristre (con aguilucho o toro de osborne, igual me da).

  5. Cierto que el debatir agota: si hubiera una forma de convertir en electricidad la energías que los rojos gastamos debatiendo se habría acabado el problema del modelo energético XD

    Aquí tienes a un lector asturiano de tu blog. Un saludo.

  6. Juan

    Lo que he oservado ha sido una fiesta en la que los participantes se significaban con unas banderas y camisetas correspondientes a la seleción ganadora.
    Me parecen más dignos de polemica estos interrogantes.
    ¿Porque se ha retrasmitido a trabes de una sola cadena?”Privada”?
    ¿Y la ley antibotellón?
    ¿Y la ëtica periodistica?
    ¿Qué es mäs importante: el hecho festivo o el depotivo
    Un saludo.

  7. porque, por encima de todo, es un negocio, un gran negocio, un inmenso negocio

  1. 1 ¿Tienes banderas de Padania, por favor? - Festa do Avante 2008 « ceronegativo

    […] pasa nada, la izquierda española también esta en muchas cosas presa aún del franquismo. Lo suyo es folklore, lo nuestro síndrome de estocolmo, que tiene […]




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